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lunes, 14 de octubre de 2013

«Lo fundamental era alcanzar una escritura que hiciese sentir a oscuras al lector». Entrevista a Isaac Rosa, autor de La habitación oscura

Isaac Rosa (Sevilla, 1974) es un narrador que construye con su prosa obras que van más allá de lo puramente estético, lo puramente narrativo. Hay detrás una reflexión y una invitación a la reflexión. Quien haya leído El vano ayer (Seix Barral, 2004) o su última novela, La habitación oscura, sabrá de qué hablamos. Si en la primera el autor experimentaba con la ficción histórica, en La habitación oscura los hechos se entrecruzan con la realidad más radicalmente actual –crisis, explosión tecnológica, alienación– y vuelven del todo imposible para el lector salir de la novela ileso. Como anticipo de su visita el próximo jueves 17 de Octubre en Cálamo, conversamos con Isaac Rosa sobre su último libro.

Isaac Rosa. 

Comencemos por los aspectos estéticos de La habitación oscura.  Una de las cosas que suelen decirse de El corazón de las tinieblas, de Conrad, es que su traducción es difícil porque el inglés tiene muchas más palabras para matizar los distintos tipos de iluminación y oscuridad, y Conrad prácticamente agota el idioma en ese sentido. ¿Fue un desafío para ti escribir esta novela donde la mayor parte de la acción –descrita siempre con enorme precisión–  tiene lugar a oscuras?

Isaac Rosa: Sí, fue un desafío, y todavía me parece milagroso que haya conseguido salir vivo de la habitación oscura. Lo fácil era perderse en ella, enredarse en la potencia literaria de la oscuridad, y yo mismo tropecé varias veces mientras escribía, deambulé a ciegas por ella y tardé en encontrar la voz desde donde contarla y el ritmo que buscaba. Lo fundamental era alcanzar una escritura que hiciese sentir a oscuras al lector, ya que éste entra en la habitación desde la primera página, y no sale hasta la última. La mayor parte de las decisiones formales en la novela apuntaban en la misma dirección: reproducir un discurso “a oscuras”, trasladar a la página el tipo de pensamiento que uno tiene cuando pasa mucho tiempo a oscuras y en silencio: un pensamiento embarullado, irresistible, desbocado, confuso, a veces acelerado, otras muy lento hasta congelar el tiempo, que no respeta cronologías, que avanza y retrocede. Y lleno de imágenes, porque por paradójico que parezca, la oscuridad está siempre llena de imágenes, que incluso se ven con más claridad que cuando la luz nos deslumbra. Es cierto que el lenguaje era otro desafío: evitar la repetición de palabras pero sobre todo de figuras literarias, prolongar la sensación de oscuridad durante decenas de páginas sin ser redundante.

La habitación oscura que da título a la novela es un refugio de escape de la realidad para algunos personajes, y un punto de partida, de toma de consciencia y de lucha para otros. ¿Crees que en el acto de escribir, de hacer literatura, se presentan estas dos opciones: escapar o criticar? ¿Hay por tu parte, en el momento de crear La habitación oscura, algún tipo de decisión consciente en este sentido?

I.R.: La habitación de esta novela, que es en primer lugar un espacio físico, es también un lugar simbólico, y con fuerte carga metafórica. Representa un refugio, pero no solo eso: su oscuridad es una forma de no ver ni ser visto en un mundo de hipervisibilidad; y es además una posibilidad de salir del mundo entrando en ella, las categorías dentro-fuera se intercambian. Comparar la habitación oscura con la propia literatura no entraba en mis cálculos, pero reconozco que mi capacidad de elaborar metáforas se ha visto desbordada por esta habitación oscura, que no deja de sumar nuevas interpretaciones según entran los lectores. Dicho esto, comparto que existen esas dos opciones al escribir: escapar o criticar. Pero las fronteras entre ambas opciones no son claras ni impermeables.

La habitación oscura. Seix Barral, 2013.

Los personajes de la novela conforman un mosaico del que puede decirse con facilidad que “describe a una generación”. Sin embargo, el alcance de las historias y los quince años que abarca la novela amplían ese espectro. ¿Crees que sea posible que, como a Cortázar con Rayuela, hayas pensado en los problemas de una generación y hayas descrito también los de la siguiente? ¿La de los que ahora comienzan su vida laboral, su independencia?

I.R.: Lo de “novela generacional” siempre es algo conflictivo. Yo no tenía intención inicial de escribir algo así, y si lo hago no es con intención sociológica, sino personal, y esa clave generacional tiene una obvia explicación biográfica: desde el momento en que hablo de “mi crisis”, la forma en que percibo el tiempo que vivimos, lo hago desde una sensibilidad, un pasado y unas expectativas que son comunes a buena parte de quienes como yo nacieron en los setenta, quienes hoy llegamos a la edad adulta en medio de este derrumbe generalizado. Y sí, acabo llegando a un relato generacional, aunque no escrito para una generación determinada, sino desde ella. No sé si ese retrato es válido para quienes vienen después. Pienso que los nacidos en los ochenta, o no digamos ya los noventa, están en mejores condiciones que nosotros para enfrentar el presente, aunque a menudo nos parezca lo contrario. Ellos tienen (o deberían tener) menos miedo que nosotros, pues tienen menos que perder, no temen perder unos derechos, un bienestar y unas promesas que apenas han disfrutado o que ya habían desaparecido cuando ellos llegaron. Eso debería hacerlos más audaces que nosotros.
«Todavía me parece milagroso que haya conseguido salir vivo de la habitación oscura. Lo fácil era perderse en ella, enredarse en la potencia literaria de la oscuridad.»
Por último. Contra la idea de la oscuridad, del aislamiento total, ubicuas en la novela, se contrasta otra idea igualmente presente: la del panóptico, la de la observación total y constante de la intimidad a través de las nuevas tecnologías. ¿Hay un punto medio de comodidad, de conciliación, entre estos extremos? ¿Crees que es posible encontrar la convivencia de la intimidad y la explosión tecnológica?

I.R.: Esa es otra de las interpretaciones de la novela, lo comentaba antes: la oscuridad de la habitación frente a la hipervisibilidad en que vivimos, este tiempo en que somos observados y a la vez observadores sin descanso, siempre estamos viendo y siendo vistos. Como muchos, yo siento una creciente “fatiga de visibilidad”, me agota estar sometido a continuos estímulos visuales, tener que ver el mundo en tiempo real y a todas horas desde todas las pantallas. Y a la vez estar permanentemente a la vista, expuesto, desde la perversión del panóptico, donde tal como lo formuló Bentham, lo importante no es tanto que te vean, como que puedan hacerlo; no tanto que te observen, como que tú pienses que puedes ser observado. Es ya un lugar común remitirnos a Orwell y su 1984, pero así es: uno abre hoy su novela anticipatoria y se encuentra enseguida con la ‘telescreen’ que Orwell sitúa en todas las casas, que funciona a la vez como televisor y como cámara de videovigilancia permanente. No puedo dejar de pensar que tengo una perfecta ‘telescreen’ sobre mi mesa de trabajo, o ahora también en el bolsillo con los dispositivos móviles. No sé si es posible ya una convivencia entre intimidad y tecnología, la invasión de la segunda sobre la primera es apabullante, y como se dice en algún momento de la novela, la intimidad es ya un lujo, una forma de poder adquisitivo, al alcance de quienes pueden permitírselo. Por otro lado, tampoco parece importarnos demasiado, teniendo en cuenta las facilidades que nosotros mismos damos, y la normalidad con que aceptamos las revelaciones de Snowden sobre el espionaje generalizado, o la indiferencia que nos provoca algo de lo que hablo en mi novela: la extensión de las tecnologías de vigilancia al ámbito de las empresas, para controlar a los trabajadores.

 Isaac Rosa presentará La habitación oscura el próximo jueves 17 de Octubre en Librería Cálamo. ¡Continuamos ahí!

viernes, 16 de noviembre de 2012

"Hay que grabar en el ADN editorial y librero el algoritmo que denomino de las cuatro Cs: colaborar, compartir, cooperar y comunidad", Manuel Gil, Director Comercial de Ediciones Siruela


-Ante la sobreabundancia de información cultural en la red que, obviamente, afecta también al sector editorial y del libro, ¿Qué estrategias pueden seguir los libreros y editores para mantener una presencia digital capaz de atraer y unir al público interesado?
Vamos a un “mundo de editores”. La tecnología y las herramientas democratizan y universalizan la posibilidad de editar, y en los próximos años veremos un “tsunami” de contenidos autopublicados y en numerosos casos gratuitos, y esto introduce en el ecosistema del sector una variable de competencia en captación de la atención hasta ahora desconocido. Para visibilizar contenido en este escenario la edición tendrá que elevar su nivel de autoexigencia en la calidad del contenido que pone a disposición del usuario, las marcas editoriales deberán ganar una credibilidad inmensa en la Red y buscar modelos de negocio sostenibles, cosa que no va a ser fácil, debido a la caída en cascada de los precios. Y las librerías deberán agruparse en cadenas y disponer de una o dos plataformas generalistas y alguna otra especializada que añadan un plus de valor por agregación y selección de contenidos. La visibilidad de libreros y editores independientes vendrá determinada por su capacidad de influir en la red y no por su tamaño empresarial. Lo que es evidente es que si no se construye una plataforma propia de editores y libreros independientes que salvaguarde el acervo cultural de un país, el negocio digital estará en manos de un pequeño oligopolio de compañías extranjeras que dejarán fuera a las librerías independientes. El asunto es ciertamente complejo y requiere una capacidad de reacción que ahora mismo no se vislumbra en las organizaciones gremiales. Este es un reto estratégico a abordar de manera urgente.

-¿Cómo ves el estado de salud del mundo editorial “independiente”? Aquellos libreros y editores que van más allá de las modas, que apuestan por el trato directo con sus clientes y el fondo especializado...¿Hay que seguir renovándose?
El sector de la edición y la librería independiente están en una situación “alarmante”. Si yo hasta hace un par de años definía la situación como “apasionantemente incierta” ahora la califico de “flagrantemente dolorosa”. Todos los ratios económico-financieros de este tipo de empresas están bajo mínimos, y las ponen al borde de la desaparición. El estado de salud es crítico. Y de una situación como esta no se sale individualmente, o se sale en conjunto o no se sale. Y ara ello se hace imprescindible desterrar la “opacidad” histórica del sector. Hay que grabar en el ADN editorial y librero el algoritmo que denomino de las cuatro Cs: colaborar, compartir, cooperar y comunidad. Ni que decir tiene que hay que abordar un plan nacional de defensa de la librería, que hay que presionar a las administraciones públicas para desarrollar un plan de dotaciones bibliotecarias muy potente y que se canalice por librerías de planta en calle, que es imprescindible un acuerdo de buenas prácticas entre editores, libreros y distribuidores, fundamentalmente para frenar la venta directa de editores que acaban haciendo la competencia a las librerías y debilitando el canal de distribución. Los retos en esta área son también muy complejos. Al menos observo una voluntad creciente de abordar estos temas, lo que ya parece un paso adelante dentro de la baja proactividad que el sector ha venido demostrando en estos años. Parece que algo se mueve en el mundo del libro, obviamente porque de no hacer nada el fin estará cerca.

-¿Qué nos depara el II Encuentro Otra Mirada? ¿crees que ante la crisis es bueno crear una red de trabajo que permita a los diferentes agentes trabajar coordinadamente para avanzar en vez de retroceder o perder peso?
El IIº Encuentro Otra Mirada debería establecer unas líneas de actuación entre España y la América hispanohablante para abordar los futuros del libro, deben salir líneas de actuación globalizadas en numerosas áreas: coordinación de librerías, globalización de la edición independiente en el mundo hispano, fuentes de información compartidas, planes de formación internacionales, etc… La cooperación y el montaje de estructuras transversales y panamericanas parece un elemento fundamental de supervivencia del sector. Tengo unas enormes esperanzas en estas Jornadas y en su continuidad futura. Si este evento no existiese habría inevitablemente que crearlo. Nos jugamos mucho en la actual coyuntura internacional. La idea de una organización como Cerlalc hay que apoyarla y ampliar sus áreas de actuación, probablemente con sedes en varios países y un centro de datos único de carácter internacional, sobre todo ante la irrupción masiva de contenido online en el mundo hispano. Es por todo esto que no deja de ser admirable el esfuerzo que una librería de Zaragoza como Cálamo esta realizando para impulsar este evento. Observo una actitud entre kamikaze y visionaria por parte de la librería, no en vano estáis haciendo algo que instancias mucho más poderosas deberían desarrollar. Este tipo de iniciativas me congratulan con el futuro del sector, y por parte cuentan con todo mi apoyo.

-¿Es excesivo el peso de los grandes? ¿Qué piensas de la fusión Mondadori-Penguin?
La edición en lengua anglosajona está ante una concentración que parece monstruosa. En lengua hispana el índice de concentración es todavía razonable, aunque la crisis puede conllevar que los grandes grupos salgan de compras masivamente. Pero no es un mal indicador el observar que al menos en España se crean unas 300 editoriales cada año. La bibliodiversidad parece asegurada. Un grupo como el recientemente en el mundo anglosajón tiene una cartera de autores casi universal, lo que les permitirá en muy poco tiempo influir sobre derechos de autor y probablemente editar simultáneamente en multitud de idiomas desde un único punto. La oportunidad que esto representa para el pequeño editor es que estos grupos optarán por una edición generalista para mercados muy horizontales, dejando espacio para una edición más “reflexiva”, “cultural”  y de nichos, un mercado long tail que también tiene un mercado mundial en la medida en que vamos a asistir a una globalización mundial de los contenidos. Si las esferas son muy grandes dejan mucho espacio entre ellas. Es la famosa “teoría de los huecos”, que yo comparto. La concentración puede ser imparable, pero los huecos que dejarán también serán enormes.

¿Qué le dirías a un visitante de la FIL, qué le recomendarías visitar?
La FIL es la gran feria mundial del libro en castellano, por encima de cualquier otra. Combina la parte profesional con el acceso del público (en gran parte joven) y todo ello con un conjunto de actividades culturales y de ocio extraordinarias. La FIL es la fiesta del libro hispano. Para mí hay dos cosas a visitar imprescindibles, por un lado el pabellón internacional, y por otro el pabellón nacional mexicano, cada día más importante. Junto a ello también conviene darse una vuelta por al área de conferencias y charlas, pues te permite observar el interés del público por el libro y la lectura, llama poderosamente la atención el observar las salas absolutamente abarrotadas de público. La FIL no se visita, se comparte, de ahí su grandeza universal.

-Por último, en todo profesional “librero” hay mucho de vocación, ¿cuándo nace tu pasión editorial, cuándo supiste que querías dedicarte a esta profesión?
Entré en el mundo del libro por puro azar. Estaba en la Universidad cuando un amigo que había nombrado gerente de una cadena de librerías muy conocida a finales de los 70 me llamó para incorporarme al proyecto. Le dije asombrado que yo no sabía nada de librerías, que era un buen lector pero nada más, y me dijo que ser librero era un oficio y que se podía aprender. Así comencé una aventura profesional en el año 74 que me ha llevado a pasar por casi todos los eslabones de la cadena de valor del libro. La esencia de este oficio es que es fuertemente adictivo, de manera que si entras en algún oficio del sector del libro a buen seguro que te retirarás dentro de la profesión. Al libro le debo todo lo que soy. Me lo ha dado todo en la vida, y yo he intentado corresponderle escribiendo libros y artículos sobre el sector. Una modesta contribución y tributo a un sector que hoy tiene retos inmensos que afrontar.