jueves, 27 de junio de 2013

San Sebastián, el clásico de los haikus y el país de Raymond Carver, o tres lecturas imprescindibles para dar la bienvenida al verano

Con el aumento de las horas de sol, el placer de leer con luz natural se torna más fácil; tenemos más horas para elegir el momento adecuado para la lectura. Cuando hayamos encontrado el lugar y esa hora que al fin es nuestra, aquí tenemos tres obras recientes que recomendamos desde Cálamo:

Martutene. Ramon Saizarbitoria.
¿Recuerdan la novela de Montauk, escrita por Max Frisch? En ella, Frisch pasa un fin de semana en la localidad de Long Island, que da título a la novela, y relata su experiencia durante esos días, al tiempo que recorre también su trayectoria vital.
Ramon Saizarbitoria toma como referencia Montauk y ubica su novela en Martutene, en San Sebastián, lugar en el que los personajes, dos parejas en un momento de convulsos cambios en sus respectivas relaciones, pasarán unos días con el eco de su pasado y la llegada de una socióloga americana que truncará sus vidas. Julia es traductora, Martin, escritor; Pilar y Abaitua son médicos. ¿Qué les depara la nueva convivencia con esta joven chica?

«Martutene, un hito sin parangón en la historia de la novela vasca» (Jon Kortazar)

Aware. Vicente Haya.
Por sendas de montaña. Matsuo Basho.

Si hace pocas semanas recomendábamos Aware, el libro perfecto para adentrarse en el mundo del haiku,  encontramos en Por sendas de montaña a uno de sus máximos exponentes: Matsuo Basho. Este autor del siglo XVII es el clásico de referencia en el arte de la poesía japonesa, y sus textos emanan vitalidad y cercanía con la naturaleza. 

Carver Country. Textos de Raymond Carver y fotografías de Bob Adelman.

No hay nada de Raymond Carver que no se haya dicho ya. Referencia absoluta en el arte del relato corto e incorporado como pieza esencial dentro del realismo sucio, en esta edición de Carver Country encontramos una fantástica selección de imágenes del mundo carveriano: desde su infancia hasta los parajes desolados de las ciudades en las que pasó gran parte de su vida. El libro también incluye un epílogo de Tess Gallagher, su viuda. Todos los textos proceden de sus cuentos, poemas y cartas inéditas. Las imágenes, a toda página, autoría de Bob Adelman, dotan al libro de una potencia especial para los numerosos seguidores del universo Carver. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Isidro Ferrer: «Mi meta es seguir disfrutando de las sorpresas que me regala esta profesión»

Isidro Ferrer estudió Arte dramático y escenografía. Combina su actividad de diseñador gráfico con una intensa labor en otros campos de la imagen como la ilustración, tanto para adultos como para niños, la realización de comics, animaciones para TV, o la edición. Cuenta con más de 30 libros publicados y su obra ha sido objeto de exposiciones individuales en distintas partes del mundo. Este viernes, Ferrer será homenajeado en Cálamo por su incontestable trayectoria artística, rematada por premios como el Nacional de Diseño o en Nacional de Ilustración. Con él hablamos sobre el pasado, presente y futuro de su proyecto.  

Estudiaste arte dramático y ya desde la carta de presentación de tu web no faltan las referencias literarias («a la máquina de hacer versos que imaginó el machadiano Juan de Mairena»). ¿Cómo se relaciona Isidro Ferrer con los libros?, ¿y cuáles son los autores y la literatura que le inspiran?

Mi relación con los libros es una relación íntima y estrecha. Me gustan los libros, no solamente por su contenido si no por lo que son. El libro no solo es soporte de la literatura, también es un espacio físico contenedor de sensaciones. El libro es el papel, es el lomo, es el formato, son las tripas, son las guardas, es el cosido. El libro también es tiempo, aunque cada vez el tiempo del libro sea más breve.
Soy un lector heterodoxo, leo por curiosidad, por devoción, por necesidad, para salir, para entrar, para documentarme, para buscar y para encontrar. 
Pessoa, Coetzee, Enrique Vila-Matas, Cortázar, Christian Bobin, Clarice Lispector, John Berger, Eduardo Galeano, Bohumil Hrabal...

«Lo que ha propiciado el libre acceso a la cultura es la falsa idea de que el disfrute del trabajo creativo es gratuito.» 

Hace unos años, en 2006, asegurabas en una entrevista con El País que «para muchos el ilustrador es un señor que rellena huecos». Con todo, da la sensación de que en los últimos años el libro ilustrado ha experimentado un auge particular, en especial con las ediciones de clásicos re visitadas, y a menos a juzgar por lo que puede verse en las mesas de novedades. ¿Hemos mejorado en ese aspecto?

En estos años se ha mejorado la percepción social de la profesión, pero esta mejoría es matizable; que la presencia en librerías del libro ilustrado se haya consolidando y ocupado un lugar específico dentro de la industria editorial, a pesar de ser un género todavía muy minoritario y desarrollado fundamentalmente por editoriales independientes, no quiere decir que la profesión de ilustrador sea entendida en su complejidad y envergadura, ni mucho menos que se haya dignificado desde el punto de vista laboral.

La situación económica general y las nuevas tecnologías están planteando inte- rrogantes en todos los sectores de la creación. ¿A qué retos le planta cara el diseño y la ilustración en nuestro tiempo?, ¿cómo estás viviendo esos cambios en tu trayectoria?

El reto fundamental es el de la supervivencia, la supervivencia no del lenguaje gráfico, que está asegurado más allá de los distintos soportes (analógicos o digitales) sobre los que construya su discurso, si no la supervivencia de la profesión. Cuando uso el término profesión, me refiero a la posibilidad de hacer de esta expresión una forma de vida en términos económicos. Lo que ha propiciado el libre acceso a la cultura es la falsa idea de que el disfrute del trabajo creativo es gratuito. De esta manera lo único que se consigue es la consolidación del amateurismo como única salida para la creación.
Por otro lado la tecnología varía los soportes pero no los discursos. Lógicamente hay que hacer un esfuerzo para estar al día y participar de la contemporaneidad digital, pero hay que luchar por mantener la validez de un discurso gráfico soportado sobre la funcionalidad y el valor de las ideas.


Isidro Ferrer, por C. Anguila, de su web www.isidroferrer.com

¿Eres de la opinión de que las artes aplicadas se encuentran un peldaño por debajo de las bellas artes, o por el contrario el diseño gráfico, la publicidad... pueden cautivar y emocionar al espectador tanto o más que cualquier obra realizada en plena libertad, sin condicionamientos?

No me preocupan las jerarquías establecidas. No creo que la ilustración y el diseño (muchísimo menos la publicidad) pertenezca a las bellas artes. Tampoco creo en el “arte” con mayúsculas que discrimina a otras expresiones alternativas por el simple echo de no pertenecer a su mismo rango, en este sentido participo de la tesis que apunta Felix de Azua sobre el “acabamiento” del arte y de la cultura tal y como se ha conocido hasta ahora. 
Tanto el diseño y la ilustración como lenguajes singulares, establecen su capacidad de emoción en la intención, el tono y la validez de su discurso; la emoción no está sujeta a ninguna categoría.

«Soy un lector heterodoxo, leo por curiosidad, por devoción, por necesidad, para salir, para entrar, para documentarme, para buscar y para encontrar. Pessoa, Coetzee, Enrique Vila-Matas, Cortázar, Christian Bobin, Clarice Lispector, John Berger, Eduardo Galeano, Bohumil Hrabal...»

A juzgar por tu experiencia cabría pensar por un momento que te has apoderado de todos los éxitos habidos y por haber, aunque si has construido una trayectoria tan sóli- da sin duda habrá sido el resultado de ambición y trabajo. ¿Tus metas ahora? ¿En qué trabaja actualmente Isidro Ferrer?

No creo haberme apoderado de nada, ya que de nada soy dueño, tampoco creo ser ambicioso, nada deseo salvo vivir dignamente y con libertad de mi trabajo. Eso sí, mi trabajo me apasiona y más allá de concebirlo una profesión lo concibo como una forma de vida. Quizá sea esta implicación personal en cada uno de los procesos que entraña esta profesión la que a la larga ha consolidado una forma de hacer reconocida.
Mi meta es seguir disfrutando de las sorpresas que me regala esta profesión.
En estos momentos trabajo para la Fundación El Greco 2014 en la realización de una imagen para la comunicación del evento y en la realización de la gráfica de la programación infantil de Marsella Capital Cultural Europea 2013.

*Isidro Ferrer estará el viernes 21 en Cálamo. 

viernes, 14 de junio de 2013

Pepe Ribas: «Hemos vivido muchos años de espaldas a la realidad europea»


Pepe Ribas es un agitador inacabable. Por su haber pasa la gestación de la mítica revista Ajoblanco, además de varios libros maravillosos y otras tantas aventuras. Maestro de periodistas, ahora también ha revelado sus habilidades en el relato de ficción con Encuentro en Berlín (Destino), en donde convergen las historias del joven activista chileno Ernesto Usablaga y el cosaco ucraniano Maksim Kazantev.

***

Da la sensación de que la mayoría de autores españoles, cuando tienen que ponerse a buscar buenas historias con trasfondos sociales y políticos, prefieren quedarse en casa. Primero la guerra civil, luego la transición, ahora nuestra crisis. Tú en cambio has elegido Europa Central. ¿Seguimos adoleciendo de una cultura demasiado castiza? 

Tras siete años preparando Los 70 a destajo y más de 30 en Ajoblanco, decidí tomarme un descanso y fijar mi atención en otras áreas culturales que no fuesen la hispana. La ciudad elegida fue Berlín. Hemos vivido muchos años de espaldas a la realidad europea e investigué facetas poco conocidas del siglo XX. Por otra parte la literatura que más me apasionó de joven fue la rusa y en la actualidad la centroeuropea. Y por supuesto, en España nos miramos demasiado el ombligo y nos creemos únicos. Se habla mucho de los muertos de la guerra civil, que fue horrible, pero en Ucrania, el siglo XX se llevo a 22 millones de personas de forma violenta, más de la mitad de la población. Encuentro en Berlín ha sido para mi una aventura fascinante, que me ha abierto a la cultura germánica y a las eslavas. Todo lo que haga a partir de ahora estará muy influido por esta experiencia apasionante. Y escucho con satisfacción un comentario de algunos lectores: “Tras leer Encuentro en Berlín mi visión de Europa ha cambiado”.

«Una de los conocimientos que he extraído mientras preparaba Encuentro en Berlín es el espíritu de recuperación de la población alemana tras el horror hitleriano.»

En la entrevista que Antonio Baños publicó en Qué Leer desplegaste una opinión que no ha sido nada frecuente en estos años; allí señalabas que la responsabilidad del desastre era de todos, y además mostrabas tu desencanto con los indignados. Otra vez parece que el tiempo te está dando la razón, ahora que el fervor político general ha menguado. ¿Nos hemos acomodado al fin a la pobreza (material y moral)? ¿Al fin la ciudadanía ha resultado claramente derrotada? 

Una de los conocimientos que he extraído mientras preparaba Encuentro en Berlín es el espíritu de recuperación de la población alemana tras el horror hitleriano. Se pusieron a estudiar, a reconstruir las fábricas y a inventar bajo las ruinas de las ciudades y a la intemperie en pleno invierno, cuando por todas partes olía a cadáver calcinado. Para ser rico hay que ser valiente, crear tejido productivo y riqueza, y no quejarse. Uno no puede esperar a vivir de lo público, de la subvención, del turismo o de la queja sistemática. Por supuesto, los responsables de la burbuja inmobiliaria son todos los que han participado en ella, que han sido muchos. No sé si nos hemos acomodado a la pobreza, pero sin activismo, sin cultura crítica, sin creatividad, sin ciudadanos libres no existe ética ni futuro. Aquí se piensa demasiado en el hedonismo y en il dolce far niente. 



¿Qué te interesa de la literatura española contemporánea

Veo formulas gastadas, demasiado simples o excesivamente narcisistas y presuntuosas. Me ha interesado Vila Matas durante un tiempo y los nocillas durante otro. Últimamente he leído con verdadera pasión Intemperie de Jesús Carrasco y a Clara Usón, pero admito que en los últimos años lo que más he leído es la literatura centroeuropea que edita el Acantilado o Salamandra y también la joven literatura rusa, ucraniana o polaca. Sí me interesa la nueva poesía española, como por ejemplo la de Unai Velasco, Luna Miguel o Pedro Granados porque me dan pistas de por donde puede cabalgar el futuro. 


«Soy un hombre que agita y agita en busca de polémica y vitalidad. Aunque no publicara novelas, siempre he construido historias»
Dado que a ojos de los lectores de ficción casi podrías pasar por un objeto extraño recién llegado, dado que habitualmente se te asocia con el periodismo antes que con la novela, ¿estimas que es beneficioso o problemático carecer de vínculos con tradiciones literarias establecidas?, ¿te atrae algún debate que esté sucediendo actualmente en la crítica literaria? 

El debate de la posmodernidad es muy antiguo y quiebra el cerebro en mini fragmentos, cuando lo que a mi me interesa son los contextos desde los que construir puentes y enlaces. Soy un hombre que agita y agita en busca de polémica y vitalidad. Aunque no publicara novelas siempre he construido historias. Las tradiciones literarias suelen ayudarte al comienzo pero luego te encuadran y estancan. Yo fui, soy y seré un ser libre que no solo ha inventado una revista sin acomodarme en nada, sino que he inventado una forma de vida muy propia. 

Tu retrato de los 70 daba a entender que los problemas del momento produjeron una juventud deseosa por abrir los horizontes culturales y romper con las rigideces de entonces. Cuarenta años más tarde, la lucha es muy diferente por no decir prácticamente contraria (se reivindican trabajos estables, seguridad, casi un modo de vivir conservador)… ¿Cuál de los dos momentos te parecen más apasionantes? 

Desde y para la juventud, los años setenta sin duda por lo libres que pudimos ser al quebrar los hábitos de la carcundia. Libres y sin necesidad de copiar porque inventábamos espontáneamente todo el tiempo. Ahora no te dejan inventar nada, solo puedes tantear y copiar o reproducir conductas. Desde la madurez los tiempos actuales muestran a las claras lo que pronosticamos desde 1978, que es cuando en España se quebró el proceso que debía llevarnos a una democracia adulta. Se acabaron los sueños bien pronto y llego el Dios dinero con los bancos como nuevos templos de culto en sustitución de las catedrales. Y sin defensas educacionales que nos ayudasen a tomar cierta distancia con esa realidad titánica.

En varias ocasiones has opinado muy favorablemente sobre la ciudad de Berlín, que además se está convirtiendo en uno de los centros de emigración de la juventud española. Sin embargo Berlín es la capital de un país que no goza de ninguna buena fama entre los países del sur de Europa. ¿Es posible entender Berlín sin Alemania, o será que los ciudadanos no tienen que ver con sus gobernantes? 

En Berlín se respira libertad, experimentación y civismo. Es una ciudad muy boscosa, sin polución de ningún tipo; una ciudad serena, barata, con un mercadeo escaso y mucho trueque. Los políticos de allí están al servicio de la gente y no se notan. Jamás me he cruzado con ninguno ni he visto que presidieran los conciertos o espectáculos a los que he asistido. Y los bancos a los que debemos el dinero de nuestros excesos no son alemanes, son capitalismo financiero internacional puro y duro. 

*Pepe Ribas estará en Cálamo el próximo martes 18 hablando de Encuentro en Berlín. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Ramon Girbau: «¿Nuestro lector? Alguien que lee de rodillas, con devoción»

La primera persona con la que uno se topa cuando quiere dirigirse al sello editorial Días Contados es Virginia Woolf. Ni más ni menos. 

«He soñado a veces que cuando amanezca el día del juicio, y los grandes conquistadores y abogados y juristas y gobernantes se acerquen para recibir su recompensa, el Todopoderoso, al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo, se volverá hacia Pedro y dirá, no sin cierta envidia: “míralos; estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Son los amantes de la lectura.»

He aquí el noble emblema que encabeza el pórtico a la casa de Días Contados, dentro de la cual conversamos con su editor Ramon Girbau, uno de los artífices de esta exquisita editorial barcelonesa, que nos ha surtido de más de uno y de dos títulos magníficos. 

***

A pesar de las inclemencias, los lectores más exigentes han podido constatar de un tiempo a esta parte cómo las librerías vienen surtiéndose de una notable relación de editores independiente y tremendamente exigentes. Dentro de ese marco de clara determinación hacia la literatura más elegante, ¿cuál es el distintivo de Días Contados que hace de él un sello único? 

Si se nos permite la licencia y la ironía —y admitiendo a mero título de hipótesis que Días Contados sea un sello único—, se trataría de que estemos editando libros a pesar de nuestra práctica inexistencia: lo cierto es que la editorial no tiene estructura alguna, ni empleados, ni agentes ni distribuidor, y se basa exclusivamente en el trabajo y el tesón de dos personas, tres amigos y una gata (pelo corto, color gris y ojos ámbar). El resto de atributos fundamentales (el gusto por la literatura, el gusto por los libros, religados, con una cubierta como Dios manda y con páginas de papel, la ilusión desinteresada y una cierta presbicia para el negocio) son comunes a un puñado de proyectos editoriales que trabajan y resisten en la misma línea y que hacen que pasearse por algunas librerías sea todavía un placer sin parangón.

Aunque todo editor estime que quiere a todos sus hijos por igual, ¿dirías que hay alguna joya de la corona en el catálogo? 

No sé si coincidiríamos necesariamente todos los implicados (los dos + tres + la gata): quizás Aprendizaje del dolor, de Carlo Emilio Gadda, sea nuestro libro más poderoso y en el que más nos tocó trabajar. Un long-badseller, por supuesto, pero sin discusión la mejor de nuestras portadas.

¿De dónde surgen los editores de Días Contados y cómo llegan a idear el concepto del sello? 

La cosa arranca de una serie de conversaciones informales en las que, por motivos distintos unos y otros, confluye un deseo de pasar de leer (y comprar) lo que otros editan a proponer a otros lo que sería bueno que leyeran (y compraran). Se trata de un impulso un punto ingenuo y modesto pero realista y con una clara comprensión desde el principio de las exigencias de la contabilidad. Diríamos, tras cuatro años de andadura y veinte títulos publicados, que el propósito se está cumpliendo muy razonablemente: sin beneficio material pero sin pérdidas inasumibles, y con la ilusión intacta.

«El gusto por la literatura, el gusto por los libros… son comunes a un puñado de proyectos editoriales que trabajan y resisten en la misma línea,  y que hacen que pasearse por algunas librerías sea todavía un placer sin parangón« 

Días contados edita en castellano y en catalán. ¿Cuál es el criterio que habéis seguido para volcar las respectivas obras a uno u otro idioma? 

El bilingüismo es una clara afirmación de principios desde el inicio mismo del proyecto. Se trata de un bilingüismo algo asimétrico (José Jiménez Lozano nos prologó, en castellano y del bueno, la traducción al catalán del Diario de Julien Green correspondiente a los años 1933 a 1939, y Antonio Muñoz Molina, con el mismo esquema y generosidad, la traducción catalana de Historias de Kolimá, de Varlam Chalámov) pero en el que vamos a seguir insistiendo y que los lectores que buscamos no sólo soportan sino que apoyan, diríamos. El criterio de elección es un punto errático: a veces la disponibilidad de los derechos, otras el deseo de trabajar con un traductor determinado, sin reglas preconcebidas. El caso es que, a la postre, resulta que hemos publicado aproximadamente la mitad en una lengua y la mitad en la otra, y que la respuesta de los lectores ha sido muy razonablemente buena en ambos casos.



¿Cómo describiríais al lector de Días contados? 

A alguien que lee de rodillas, con devoción. Sexo, raza, edad, credo, filiación: irrelevantes.

Sobriedad, sofisticación, minimalismo, pulcritud… son las señas en el diseño de los libros. ¿Qué editoriales o diseñadores os sirvieron como referente? 

Por abreviar y aunque el resultado final sea diverso: Pre-Textos y Verdier. Y habría que citar, claro, la portada de La ciudad y los perros de Seix Barral, de hace ya tantos años.

De principio a fin, es imposible pasar por alto vuestro manifiesto de intenciones. Siendo un sello de distribución nacional destacáis la idiosincrasia barcelonesa; aclaráis que el vuestro es un espíritu liberal en un tiempo en que esta palabra casi parece un tabú; y al fin habláis de publicar «pequeños textos mayores de las letras contemporáneas por el sólo gusto de hacerlo». ¿Provocadores por naturaleza?, ¿o simplemente sinceros en una época de mucho comedimiento?  

Lo escribimos al inicio, como quien dice a mano en una servilleta, y sigue valiendo. La cita impagable de Virginia Woolf que encabeza nuestra página web nos sigue sonando tan bonita como cuando empezamos.

«Quizás Aprendizaje del dolor, de Carlo Emilio Gadda, sea nuestro libro más poderoso y en el que más nos tocó trabajar.» 

Por lo común, la actitud de los editores en España suele pivotar entre dos lemas: «Cada vez hay menos lectores y el futuro sólo puede ser negro», o bien «Aún está todo por hacer». ¿Optimistas o pesimistas, y con qué matices? 

La pregunta es buena porque ambas afirmaciones son justamente ciertas. Las enfrentamos, también desde el principio, con realismo e ilusión. De ahí el nombre de la editorial, huelga decirlo. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Javier López Menacho: «hay que aferrarse a los sueños e ilusiones que nos queden»

Javier López Menacho plantó cara a su situación laboral cuando ya no pudo aguantar más. De trabajo precario en trabajo mal pagado, el agotamiento aumentaba y sus expectativas laborales caían en picado, como lamentablemente sigue ocurriendo en España. Su interés por la escritura sufrió un nuevo aliento gracias a un curso de periodismo narrativo. Ya habían arrancado sus conocidas crónicas, las chococrónicas, de cuando Menacho trabajaba con un disfraz de chocolatina por algunos centros comerciales. Con buena prosa, sentido del humor y no sin falta de crítica hacia las injusticias del momento, continuó con el proyecto de desahogo literario hasta que vio que de ahí podía salir una novela: Yo, precario. La novela no solo salió, sino que ha generado un revuelo en el mundo periodístico necesario y sano. El interés de los medios de comunicación y de los críticos literarios sigue en aumento, pero su honestidad se mantiene, igual que al principio. Desde la primera crónica hasta esta entrevista. Y esto es solo el comienzo.

                                                                                         Por Ana Portnoy.

Tendremos la oportunidad de conocer a Javier en la librería Cálamo el próximo martes 28 de mayo.

—Apareciste con discreción en el panorama literario, y la cosa no ha hecho más que crecer. ¿Crees que tu libro ha salido en el momento oportuno, que ahora la gente está receptiva ante este tipo de situaciones de precariedad laboral? 

—Siempre defiendo la honestidad de este libro. Su escritura no entendía de fechas ni de publicaciones. Lo escribí como catarsis personal, sin pensar en que fuera, o no, oportuno. De hecho, ni siquiera tenía editorial, eso surgió más tarde y porque yo la busqué, así que siempre que me dicen que si ha sido un libro oportunista respondo que no, que fue creado con una intención puramente literaria. Me siento brutalmente honesto.

—Lamentablemente, este tipo de empleos han existido siempre, mal pagados y abusivos, ¿quizás ahora son todavía más duros y exigentes?

—Los trabajos abusivos y mal pagados, como dices, siempre han existido y, me temo, existirán. Lo que pasa es que ahora se han generalizado y encontramos más trabajos mal pagados que decentemente remunerados. El trabajo precario se ha extendido como una plaga social, los derechos laborales se han recortado y la reforma laboral ha ayudado a que existan más desigualdades. Se han bajado los sueldos, han subido los impuestos y se despide con mayor facilidad. Esto genera una sensación de urgencia muy peligrosa a nivel social. La dureza y exigencia siempre estuvieron ahí, sólo que ahora lo vemos más. 

—¿Por qué decides llamar a tu trabajo de blogger ‘chococrónica? ¿Qué necesidad tuviste para comenzar a escribir esas experiencias y no hablar, pongamos, de cualquier otro tema para no pensar justamente en tu trabajo?

—Lo llamé chococrónica porque me parecía que la fonética era atractiva, por el juego entre mascota de chocolatina y crónica, porque tenía gancho. La realidad fue que tenía un 200% más de visitas en apenas 3 o 4 crónicas.
Por otro lado, tenía que quitarme el demonio que albergaba en mi interior. 

Estaba pasando una mala situación laboral y eso repercutía en mi vida personal, llevándome a una constante insatisfacción. Así que busqué maneras de aferrarme a otras ilusiones, alejadas del ámbito laboral. Estaba estudiando un curso de periodismo narrativo, así que vino en el mejor momento.


Empecé a quitarme esa sarna que iba acumulando narrando mis vivencias. Fue terapéutico y me ayudaba a mantener mi cabeza en orden. A parte, me ayudaba a quitarme rencor y me daba un motivo para ir al trabajo. Todo encajaba perfectamente. Cuando llevaba varias crónicas, comencé a pensar en clave de novela.

—¿Notaste en algún momento que te estabas forjando un personaje? Es decir, ¿que ibas dejando de ser Menacho para convertirte en ChocoMenacho?

—Lo he notado, y lo noto, mucho. El boom mediático es así. He intentado controlarlo, pero me ha pillado desprevenido (nadie esperaba una respuesta así), demasiado ingenuo para un mundo así. Me convierto, sin quererlo, en una caricatura de mí mismo. Lo bueno de todo esto es que los medios no tienen memoria, y el día de mañana, seré pasto del olvido y me tendré que ganar de nuevo la voluntad de un editor. Así que dentro de lo que cabe, estoy bastante tranquilo. Al final, todo vuelve a la literatura.

—Tu testimonio es una prueba de resistencia, de querer sobrevivir de una forma digna ante un presente oscuro. Pese a las condiciones laborales, mantuviste tu voluntad de escritor y finalmente has logrado un resultado que está llegando a mucha gente. ¿Deben los jóvenes españoles continuar luchando por hallar un trabajo digno en este país o realmente hay que irse fuera?

«Me niego a creer que la única solución sea partir»

Y también me repito mucho pero hay que aferrarse a los sueños e ilusiones que nos queden. Buscar tu factor diferencial, eso que sólo tienes tú, y aprovecharlo, sacarle el máximo partido. Ser proactivo y mirar más allá de esta realidad tenebrosa. Así que abogo por estar donde queremos estar y no resignarnos a que nos impongan una realidad. No, hay que lucharlo mucho antes de tirar la toalla.

Yo, precario.

—Una vez ya has podido plasmar y publicar lo que es tu primer trabajo como cronista en forma de libro, ¿cuál es el siguiente paso que quieres dar? ¿te has planteado alguna vez lanzarte a la ficción?

Pase lo que pase, no habrá un yo, precario 2. Hay 2 terrenos sobre los que me quiero desarrollar. Uno es el ámbito de la ficción, donde quiero acampar en mis próximos proyectos. Y el otro es seguir, de alguna manera, con la crónica periodística y narrativa. Pero para ello necesito un motivo, una intencionalidad igualmente pensada. Me gustaría hacer algo tipo 'On fire', de Joe Kelso y Vanity Dust, pero no tan hardcore. O sí, no sé. Alguna crónica de mayor extensión.  

—A nivel de referentes, siempre mencionas a autores del campo del periodismo y también de la literatura, ¿cuáles han sido dichos autores? ¿qué sacaste de cada uno de ellos?

—Tengo muchos referentes. El que más me influyó fue Hunter S. Thompson, porque Anagrama sacó por las fechas de la creación del libro, 'El escritor gonzo'. Realmente fue el germen de la idea semigonza de las chococrónicas. Y luego también me gusta mucho Rodrigo Fresán, Martín Caparrós, y alejados de ese estilo, Gabriela Wiener o Enric González

«Se confunden narradores que hacen periodismo con periodistas que hacen de narradores. Y eso es bueno, aporta riqueza, pluralidad, amplitud de miras»

—¿Qué piensas del panorama mediático actual? ¿Está la prensa a la altura de las trágicas circunstancias del país? ¿Cómo crees que se podría mejorar el periodismo en España?

Como cualquier persona que conozca mínimamente la realidad, pienso que estamos en un mal momento. Los periodistas se están convirtiendo en multiusos que cortan y pegan notas de prensa y que van a mil por hora, mal pagados y con la espada de Damocles siempre sobre su cabeza. Por tanto, así no hay quién haga buen periodismo. O al menos, no generalizadamente. Los medios tradicionales de papel, cada vez se le notan más sus verdaderos colores y falta independencia
En ese sentido internet ha traído consigo nuevas propuestas interesantes: SigueLeyendo, Jot Down, Orsai, Mongolia, eldiario.es, etc. son medios que mezclan calidad de contenidos e independencia. Creo que por ahí van los tiros. Se tiene que trabajar en cómo hacer viables esos proyectos, cómo conseguir su pervivencia económica. Pero lo que está claro es que hay que hacerlo alejado del sistema piramidal anterior que estaba devorando los periódicos por dentro. Claro, en cuanto se ha apretado la cosa y el de arriba ha querido mantener sus privilegios, se ha desmoronado el castillo de naipes.