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domingo, 15 de febrero de 2015

«Llegó un momento en que lo único que quería hacer era escribir, lo importante era contar la historia y acabarla.». Entrevista a Milena Busquets, autora de También esto pasará

Milena Busquets. Si aún no la conoces, seguramente escucharás su nombre durante el 2015. Su segunda novela, También esto pasará (Editorial Anagrama), fue un fenómeno en la última Feria del Libro de Fráncfort: una treintena de editoriales de los grupos más grandes  –Gallimard (Francia), Hogarth Press (USA), Harvill Secker (UK) o Companhia das Letras (Brasil)– adquirió los derechos de traducción. Una novela donde Busquets explora y lleva a la ficción la muerte de su madre, Esther Tusquets, y donde aborda temas universales como el sexo y la muerte desde un estilo fresco y desenfadado, muy emotivo y con una "honestidad sin filtro".

El mártes 17 de febrero a las 19.30h Milena Busquets nos visita para presentar su novela. Para prepararnos, una breve entrevista con la autora de También esto pasará:

Milena Busquets. Fotografía © Gregori Civera

Una novela que se ha definido como "una carta de amor de una hija a su madre" y que tiene evidentes puntos autobiográficos: ¿la obra nació con planes de novela, o nació de otras ideas, de otra búsqueda?

Cuando empecé a escribir la novela no sabía lo qué iba a ser, escribí el primer capítulo sin pensar demasiado, mi madre llevaba muerta una año y medio y de repente tuve la necesidad de hablar de ello. Se lo enseñé a Anna Soler Pont, que se convertiría en mi agente, y ella me animó a continuar, así que seguí escribiendo hasta que llegó un momento en que lo único que quería hacer era escribir, me daba igual lo que ocurriese después con la novela, lo importante era contar la historia y acabarla.

En muchas entrevistas has explicado que no te consideras escritora. Ahora, tras dos novelas y del fenómeno que ha sido También esto pasará en la última Feria del Libro de Fráncfort, ¿ha cambiado esa sensación?

Jajajaja, No. Escribir es lo que me hace más feliz, lo que hace que me sienta menos sola, pero hasta que no escriba al menos un par de libros más, no me consideraré escritora. Escritores son Proust, Colette, Bernhard, yo soy solo una aprendiz.

Con toda la experiencia que tienes en el mundo editorial, ¿cómo viviste el fenómeno que significó tu novela en esa feria del libro?

Pues con una enorme sorpresa, con alegría también, con agradecimiento, con incredulidad, de hecho, todavía no me lo creo.




Pareces haber seguido un camino singular: formada en el Liceo Francés, luego estudios en arqueología, te has formado como editora junto a tu madre, luego con sello propio en RqueR… ¿cómo te convertiste en escritora?

Pues no lo sé, siempre me ha gustado escribir y siempre he sido una gran lectora.
«En casa, cuando teníamos algo importante que decirnos, lo hacíamos por carta, por escrito. Para mí la escritura era el instrumento más evidente de expresión, el más inmediato y automático, tal vez si hubiese nacido en una familia de músicos, hubiese escrito una sonata o una balada.»

¿Y cómo fue la experiencia de fundar una editorial junto a tu madre y tu tío?

Un desastre absoluto, hubiese debido montarla con alguien de mi generación.

 Algunas comparaciones con libros como El diario de Bridget Jones te han resultado odiosas… ¿Te sientes afín a algún escritor contemporáneo? ¿Y reconoces en tu obra influencias de otros autores?

No, odiosas, no, de hecho, yo publiqué con gran éxito “El diario de Bridget Jones” en castellano en Lumen y me sigue pareciendo un libro muy divertido y original, pero no creo que se parezca en absoluto a “También esto pasará”. Me gustan Philip Roth, Juan Marsé. Y Proust por encima de todo, y Thomas Bernhard, Chéjov, Colette, Isak Dinesen, Oscar Wilde, Maupassant, la lista es larguísima.

¿Cuesta reanudar la escritura tras el increíble éxito editorial de una novela como También esto pasará? Todos los lectores que acaban de conocer o que están por descubrir tu obra querrán saber: ¿qué más nos traerá Milena Busquets?

Tengo muchas ganas de ponerme a escribir de nuevo, pero de momento las labores de promoción me impiden tener la suficiente calma, el libro se ha vendido a 29 países y me parece que este año voy a tener que viajar mucho, por otro lado creo que todas las vivencias son útiles a la hora de ponerse a escribir, así que no me quejo.


¿Seguimos la conversación en Cálamo? Os esperamos este martes a las 19.30. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

«En cada vida hay tres, cuatro episodios esenciales, determinantes. En esos episodios me gusta bucear.» Entrevista a Vicente Valero, autor de Los extraños y nominado a los Premios Cálamo 2014

Se acercan los premios Cálamo 2014 y seguimos entrevistando a algunos de los 16 nominados.
Hoy es el turno de Vicente Valero. Su debut en la narrativa, Los extraños (Ed. Periférica) fue uno de los grandes libros de la narrativa española del 2014. La vida de cuatro "extraños", cuatro familiares de Vicente de Valero de los que él sabe poco más que el nombre son el punto de partida para un ejercicio literario donde se entretejen las memorias, la investigación periodística, la historia de España y la poesía. 
Con todos ustedes, Vicente Valero:

Vicente Valero
Los extraños es tu debut en la narrativa. ¿Es posible este libro sin toda tu obra anterior y los géneros que aborda? La poesía, la biografía, el ensayo, la literatura de viaje…

Probablemente no hubiera sido posible. Es cierto que en él hay mucho de lo que había venido haciendo. Siempre me ha interesado la vida de los otros como relato, pero lo que me gusta especialmente es contar breves episodios que puedan dar sentido a una vida entera o que consigan marcarla de una manera muy precisa. No me interesan tanto las grandes biografías como las pequeñas y parciales. En cada vida hay tres, cuatro episodios esenciales, determinantes. En esos episodios me gusta bucear.

La investigación de cuatro familiares, cuatro vidas misteriosas y de las huellas de esas vidas en tu propio cuerpo y espíritu: parece una tarea dura y con pocos antecedentes: ¿tuviste que forjar un método de investigación antes de lanzarte a la escritura del libro? ¿Un método de escritura que fusionara la investigación periodística con lo ficcional y lo biográfico?

Mi principal fuente era el recuerdo. Me hubiera gustado escribir solamente desde los recuerdos de la infancia. Es decir: construir las historias a partir de lo que me habían contado o yo había conseguido saber cuando era niño. Dejar que fluyera la voz de aquel niño que hizo muchas preguntas. 

Pero este es sobre todo un libro de olvidos, voluntarios e involuntarios, de los míos propios también. Las cuatro historias nacen del olvido.

Como narrador, lo que intento es completar esos olvidos con muchos datos dispersos que he tenido que ir a buscar, a veces reveladores, pero siempre procurando que no se pierda la atmósfera de extrañeza, la niebla que ha existido entre ellos y yo. En realidad, seguramente sé menos de ellos de lo que hubiera podido saber.

¿Existe alguna búsqueda en la literatura similar a la de Los extraños que tuvieras presente durante la escritura? ¿O algún autor?

Hay grandes escritores de familia y muy distintos, todos me han ayudado de algún modo, desde Bassani a Bernhard, desde Canetti a Michon. La familia es un tema universal y son muchos los puntos de vista. 


Algo en el mecanismo de Los extraños me recordó a La invención de la Soledad, de Paul Auster. Cuando su padre murió, la necesidad  de escribir y evitar que esa vida desaparezca fue para Auster de una importancia capital. ¿Ocurre algo parecido con tu búsqueda de esos extraños? ¿Una necesidad de recuperar del olvido esas vidas que forman parte y han dado forma a la tuya? 

Me interesaba saber también qué era lo que había en mí de ellos, que podía haber heredado de esos extraños sin saberlo. Y qué estaba haciendo yo con esa parte de ellos que había heredado. En cierto modo, este aspecto condicionaba mi búsqueda. Supongo que encontrándolos a ellos y reconstruyendo sus vidas me estaba conociendo un poco más a mí mismo y, sobre todo, estaba conociendo mejor a mi familia.

Los extraños, de Vicente Valero. Ed, Periférica.
Cada relato —quizás el último sobre todo— se relacionan de manera directa con episodios de la historia de España que se entretejen, y se forma una relación curiosa entre lo particular de esas vidas menores y lo más universal y común a todos…

Pertenezco a una generación que ha crecido en libertad y ha hecho más o menos lo que ha querido hacer y ha vivido donde quería vivir. Realmente es un lujo, si uno mira hacia atrás en la vida de los españoles. La vida de mis ‘extraños’ estuvo condicionada completamente por la moral dominante de una sociedad muy cerrada, antes y después de la guerra civil, y por el desastre de la guerra misma… Para alguien de mi generación, estas vidas siempre al borde del fracaso, o abocadas a él, condicionadas hasta tal punto por la realidad histórica, resultan extraordinarias, casi épicas.


Los cuatro "extraños" que forman el libro, ¿fueron desde el comienzo los que tenías en mente? ¿O hubo algunos que quedaron fuera pero fueron posibles candidatos?

Quedó fuera el más extraño de todos, mi abuelo paterno, de quien solamente sé su nombre, su profesión y el año de su muerte (1936). Su mujer, mi abuela, se divorció de él en la época de la República, e impuso un silencio total sobre su figura que por lo visto todavía perdura en mí. La verdad es que no hubiera sabido ni por dónde empezar su relato. Pero recuerdo que mi abuela, cuando yo era niño, algunas veces –más bien cuando estaba enfadada-, me decía que me parecía bastante a él… Nadie se atrevía entonces a preguntar por qué. 


* * *

Puedes votar a tu nominado favorito en Librería Cálamo: ¡busca las urnas y participa!


miércoles, 17 de diciembre de 2014

«El judaísmo sólo me interesa como literatura.» Entrevista a Eduardo Halfón, autor de Monasterio y nominado a los Premios Cálamo 2014.

Cualquier libro de Eduardo Halfon es la puerta de entrada a una obra escrita en una prosa sencilla, por momentos con una cadencia y un ritmo que la acercan a la lírica, una obra compuesta de novelas breves y relatos donde la línea entre la ficción y la realidad –o entre el narrador y el escritor– se vuelve difusa e irrelevante.
Su último libro, Monasterio (Libros del Asteroide), se integra en ese mosaico y se entreteje con imágenes y personajes de otras obras de Halfón, sobre todo con la presencia del abuelo de El boxeador polaco (Pre-Textos). Monasterio es uno de los libros nominados a los Premios Cálamo en su edición 2014, y quisimos aprovechar la ocasión para entrevistar a Eduardo Halfon y conocer un poco más sobre su lugar de escritor y su obra:

Eduardo Halfon. (c) Peter-Andreas Hassiepen


Monasterio se entreteje, a modo de referencias, pequeños guiños y personajes que se repiten, con otras obras anteriores de tu autoría. ¿Hay un plan en tu obra que trascienda a cada novela o colección de cuentos? 

Soy un ingeniero, tanto de formación como de carácter, pero no hay plan alguno cuando escribo. Voy improvisando, dejándome llevar, o más bien dejándome acercar a algo que intuyo pero que no veo claramente, y que quizás es el centro o núcleo de un cuento, de una novela, de todo un proyecto literario. Desde que empecé a escribir, hace ya 12 libros y 12 años, siento que estoy escribiendo un solo libro, pero publicándolo por partes, en proceso, mientras lo escribo. Monasterio, cuyo origen está en El boxeador polaco, es una pieza más de ese proyecto, o un peldaño más en ese andamio, o un planeta más en la constelación que son mis libros. Aunque apenas intuyo esa constelación. Sé que está ahí, borrosa y lejana, develándose poco a poco ante mí, y que toda mi obra gira en torno a algo. Pero no la veo claramente, ni la entiendo del todo. Y está bien que así sea. Floto, a la deriva, en ese espacio narrativo. Quiero escribir mis cuentos con el mismo asombro con que luego un lector los lee.

Algo muy curioso que ocurre durante la lectura de Monasterio es el juego que se hace con las expectativas del lector. Lo que parece una novela sobre una boda y un matrimonio entre judíos ortodoxos se convierte en una serie de retazos de historia, de recuerdos, de otros viajes…

Creo que esa lectura asombrosa —para seguir usando el mismo término—corresponde exactamente al proceso de su escritura. Yo también escribí las primeras páginas con la expectativa de otro libro, uno que conduciría hacia esa boda ortodoxa, hacia una relación entre hermanos. Pero al escribir, no soy yo quién decide, ni hay una ruta o una fórmula a seguir, ni es esto una ciencia. La historia que quería o necesitaba ser contada poco o nada tenía que ver con la boda de una hermana, sino con algo mucho más íntimo, lo cual, visto a través de la lupa de la ficción, es a la vez universal.

"Una jaula salió en busca de un pájaro". Este aforismo kafkiano precede a la novela: ¿cuál es la jaula, la cárcel, en la vida del narrador, de su hermana que se casa?

Para mí el mejor epígrafe es aquel que creemos entender, pero que si intentamos poner en palabras, de inmediato se nos escapa. No es éste una explicación del libro. Sino una puerta de entrada. Un tono musical. No sé entonces cuál es la jaula (o acaso las jaulas), ni si ésta nos persigue a nosotros o somos nosotros quienes la perseguimos a ella. Hay algo hermoso y terrible en las palabras de Kakfa. Hacen éstas un eco, quizás, con la historia que he escrito. O al menos eso me gustaría pensar.

En muchos puntos de la obra asoma la idea de "ser" judío como algo más allá de profesar la religión, del "judaísmo no como religión sino como genética",  como un tema de peso en Monasterio. ¿Hay una búsqueda de la identidad como alguien de ascendencia judía pero que no practica la religión?

El judaísmo sólo me interesa como literatura. Es decir, el judaísmo como historias. Hay en mi obra un constante acercamiento a lo que significa ser un judío, pero visto siempre hacia atrás, hacia las historias de mis abuelos. O sea, no el judaísmo como religión, sino como identidad, como orígenes, como historias de desembarcos y éxodos y diáspora y sobrevivencia.



La novela, a través del abuelo del narrador, que fue un prisionero en Auschwitz, visita el tema del Holocausto. Y toca temas que pertenecen a la literatura del Holocausto: memoria, testimonio e identidad. ¿Cómo es para un escritor de una generación que no es superviviente ni testigo directo de esos hechos visitar esos temas desde la ficción?

Creo que son temas que únicamente pueden visitarse desde una generación apartada, no afectada directamente. Mi abuelo no habló de su experiencia en Auschwitz durante sesenta años. Nos decía, medio en broma, que el número tatuado en su antebrazo era su número de teléfono. Él jamás volvió a pronunciar una sola palabra en polaco, su lengua materna. Jamás regresó a Polonia, y a los demás nos prohibía ir. Así educó a sus hijos—a mi madre y mis tíos—, para quienes esos temas también eran lejanos e intocables. Creo que somos los nietos, entonces, tanto de sobrevivientes como de verdugos, quienes podemos empezar a acercarnos a las heridas del pasado, a visitar esos temas desde la distancia que les otorga el tiempo. Y en mi caso, claro, lo hago desde la ficción, donde el interés es más emotivo que real, más sensorial que fáctico. Mi próximo libro, cuyos orígenes están en Monasterio, es sobre ese viaje prohibido a Polonia.

Muchas veces has dicho que tus narradores son más valientes que tú en las posturas sobre los temas que tratas a lo largo de tu obra. ¿Es la literatura una forma de tomar una postura frente a esa identidad que a veces nos imponen las herencias de la tradición, la religión, la historia?

Es que en el fondo no sé qué es la literatura. Pero me gustaría pensar que no es tomar postura. Que la literatura está más allá de cualquier postura, las cuales tienen más que ver con ideologías y políticas. Las posturas las tomamos los seres humanos, no los escritores de ficción. En la literatura de un escritor, cualquier postura peligra en convertirse más bien en una pose, y el escritor entonces en un predicador. Pero sí, mi narrador, que se llama igual que yo, se suele imponer ante esas injusticias y herencias que a mí me acobardan. Dios lo ampare.


*  *  *

Monasterio es una de las 16 obras nominadas a los Premios Cálamo 2014. Puedes visitarnos en Cálamo y dejar tu voto en las urnas. ¡A leer!


lunes, 24 de noviembre de 2014

«Un homenaje a un hombre y a una gente, los grandes profesionales del cine español de la época, a los que creo que no se les ha hecho suficiente justicia.» Entrevista a Marcos Ordóñez, autor de Big Time: la gran vida de Perico Vidal


Hay un personaje en la historia del cine español que fue asistente de dirección de Orson Welles. Que fue amigo de Sinatra e invitado por éste conoció a Marilyn Monroe y a John Fitzgerald Kennedy. Que parcitipó en películas clásicas como Lawrence de Arabia o La hija de Ryan, ambas de David Lean, entre muchas otras. Ese personaje se llama Perico Vidal, y gracias a Marcos Ordóñez ahora tiene una biografía que es también un homenaje y un diálogo con todo el cine de la época, tanto español como hollywoodense. 

De un encuentro entre Marcos Ordóñez y Perico Vidal nace Big Time: la gran vida de Perico Vidal (Libros del Asteroide), que este jueves presentamos en Cálamo en compañía de su autor y del periodista Luis Alegre. 
Y para adelantarnos y prepararnos para el evento, una breve entrevista con Marcos Ordóñez:

Marcos Ordóñez. Fotografía: (c) Carles Ribas
¿Cómo se cruzaron los caminos de Perico Vidal y Marcos Ordóñez? ¿Y cómo nació y se formó Big Time? 

Como cuento en el pórtico del libro, toda la gente con la que me encontraba, preparando Beberse la vida, me hablaba de él. Tardé en localizarle. Quedamos en el bar La Llave, en Príncipe de Vergara, muy cerca de donde vivió, el ático de las grandes fiestas que Christian Marquand bautizó como “Hostal Vidal”. Big Time comenzó a formarse más tarde.

En un libro que no nace de un plan de libro, ¿qué le llevó a grabar siempre las conversaciones con Perico? ¿Qué señales activaron la intuición de que sus historias y anécdotas contenían un tesoro?

Por aquella época (y quizás antes) comencé a grabar conversaciones con gente que me parecía interesante. Con su permiso, naturalmente. Ahora caigo en la cuenta, por ejemplo, de que Un jardín abandonado por los pájaros nació de las conversaciones que grabé con mi madre. Y tengo mucho material grabado de otra gente, todos formidables “narradores orales”. Las señales son inmediatas: cuando te prende su conversación, su manera de narrar una historia. Pero, ciertamente, no nació con voluntad de libro. Lo vimos más claro a medida que avanzábamos, pero quienes no lo vieron claro fueron los posibles editores. Murió Perico y, tiempo después, publiqué por entregas una versión reducida del material en Bulevares Periféricos, un blog que tenía entonces en El País. Y cuando la serie estaba lista, Luis Solano, de Libros del Asteroide, con su proverbial olfato, la leyó, y leyó también La parte de Alana (que no llegó a publicarse en blog), y me dio el “sí” en un fin de semana.

Big Time posee muy pocas intervenciones a lo que por lo demás es la voz de Perico Vidal, y el libro se cierra con el testimonio de su hija Alana. ¿Cómo ocurrió ese encuentro con la hija de Perico y cómo llega a ocupar un lugar en el libro dedicado a su padre?

Perico me hablaba mucho de Alana (y entusiásticamente), pero era muy discreto y no me contó nada de su historia común, salvo algunas alusiones. Ella me escribió desde Nueva York al leer un par de entregas en el blog. Recuerdo su frase: “Gracias por devolverme la memoria de mi padre”. Tiempo después nos encontramos en Madrid, en la terraza del Gijón, y comenzamos a hablar. Otra narradora nata, con la vitalidad y la generosidad de su padre. Comenzamos a grabar… y ahí está.

Perico Vidal y su hija Alana.

¿Hay conexiones entre Big Time y su libro Beberse la vida, donde aborda los años de Ava Gardner en España? Conexiones en el origen de ambos libros, en la temática, en las conversaciones con Perico Vidal…

Claro: es la misma época. Beberse la vida surgió de una propuesta de Terenci Moix. Y en Big Time repesqué la parte de lo que Perico me había contado allí de Ava, con algunos cambios y añadidos. Lógicamente, “la parte de Perico” es mucho más extensa aquí: en Beberse tenía unas pocas intervenciones. Si Beberse la vida fuera una serie, Big Time sería un spin-off en el que un personaje secundario asciende a protagonista.

Una biografía, un documental narrado: ¿una manera de pasar a primer plano a un personaje que se demuestra protagonista de la historia del cine español, pero que no cuenta ni siquiera con un artículo en Wikipedia?

Una biografía, un documental narrado, un perfil, una crónica, un relato a dos voces… muchas cosas. Y, sí, un homenaje a un hombre y a una gente, los grandes profesionales del cine español de la época, a los que creo que no se les ha hecho suficiente justicia. 

La conversación continúa éste jueves en Cálamo. ¡Os esperamos!


martes, 30 de septiembre de 2014

«La polémica entre el libro en papel o en digital me resulta profundamente aburrida». Elvira Navarro, escritora, editora por un año en Caballo de Troya y participante del II Encuentro Talento Editorial.

Si entendemos Talento Editorial como un espacio de discusión y debate sobre el sector de la edición, los cambios y los nuevos modelos de trabajo, resulta imprescindible analizar el caso de Caballo de Troya. Tras la jubilación de Constantino Bértolo, la editorial propone un modelo de editores invitados que toman el cargo durante un año.
La primera invitada es Elvira Navarro autora de tres novelas, la primera de ellas, La ciudad en invierno, publicada en Caballo de Troya en 2007. En el año 2010 dio el salto a Mondadori con La ciudad feliz, y en 2014 publicó La trabajadora (Penguin Random House)

Elvira Navarro participará en el Segundo Talento Editorial, dentro del Hay Festival Xalapa 2014, y no podíamos perdernos la oportunidad de entrevistarla:

Elvira Navarro. Fotografía: © Lisbeth Salas

La editorial donde vio la luz tu primera novela en el año 2007, La ciudad en invierno, te acoge ahora como la primera en ocupar la figura de "Editora invitada". ¿Qué significa para ti este regreso a Caballo de Troya y este cambio de rol entre escritora y editora? ¿Qué cambios han tenido lugar en la editorial en esos 7 años? ¿Y cuál es tu experiencia previa en el mundo de la edición?

Nunca me desvinculé de Caballo de Troya porque no he dejado de leer nunca los libros que han ido apareciendo en el sello. No los he leído todos, pero he estado pendiente de las decisiones de Bértolo. Siempre me ha parecido interesante saber por qué Constantino decidía publicar algunos libros y no otros, así que podría decirse que he permanecido desde 2007 atenta al argumento vehiculado por el catálogo. Y en fin, algunos de esos libros que Constantino decidió publicar o que se quedaron fuera eran libros que iban recomendados por mí: esa es la mayor experiencia que tengo en el mundo de la edición, aparte de mi labor como correctora editorial. Trabajé para editoriales diversas corrigiendo galeradas, e hice algún que otro informe de lectura. Quizás también debo mencionar aquí que doy talleres de escritura y que por ello continuamente me estoy enfrentando a la edición de textos.
Sobre los cambios de Caballo de Troya, diría que no los hay a nivel de argumento, es decir, que la vocación del catálogo de publicar una literatura con capacidad de intervención y puesta en duda del discurso dominante se ha mantenido coherente a lo largo del tiempo. Lo que sí cambió ha sido el diseño: de unas cubiertas cuyo aspecto no llamaba demasiado la atención se ha pasado a unas sobrecubiertas que, por decirlo de algún modo, individualizan visualmente el objeto libro y lo vuelven más atractivo en términos comerciales.

La ciudad en invierno, primera novela de Elvira Navarro.

Basándote en tu trayectoria como escritora, ¿modifica esa experiencia tu trabajo de edición con respecto a la de editores que no escriben, o que no tienen obras publicadas?

No puedo contestar a esta pregunta porque no conozco tan de cerca la labor de otros editores. Sea como sea, podría darte nombres de editores que no son escritores y le meten mucha mano a los textos, hasta el punto de que a veces los autores se quejan de que el editor, o editora, parece querer escribir de nuevo el libro. No sé en cualquier caso si tu pregunta apunta a esta dirección de que el editor, por ser escritor, se sobrepase imponiendo su escritura. Creo que lo importante para un editor que quiera publicar buena literatura es saber reconocer dónde hay un autor y no sólo un montador. Hay libros donde ves que quien los escribe domina muy bien la técnica, pero a los que sin embargo le falta ese extra difícil de explicar que hace de alguien que escribe un escritor. Un escritor, o escritora, no cuenta una simple historia, sino que da una visión que difícilmente es traspasable a otra escritura, y que tiene que ver con su manera de articular el lenguaje.

Escribes desde los dieciséis años, y uno de tus primeros trabajos fue como correctora en una editorial. ¿Cuál ha sido tu camino desde entonces hasta la publicación de La trabajadora  y tu entrada en Caballo de Troya? ¿Han estado siempre contigo las vocaciones: la de escritora y editora?

Escribo desde los seis años, desde que mi madre me regaló un diario-agenda para niñas, pero no es hasta los dieciséis más o menos cuando lo empiezo a hacer con la intención de publicar. El camino ha sido larguísimo; me pasé años mandando relatos a concursos y sin ganar nada. Me costó mucho encontrar una voz y un territorio porque me censuraba y estaba llena de teorías sobre cómo debía escribir. Las teorías son no pocas veces cinturones de castidad. 
Mi primer libro, La ciudad en invierno, supuso una conciencia de las paradojas que encierra el acto de escribir. Afirmo esto porque durante un tiempo largo La ciudad en invierno fue un improbable embrión. Yo creía estar escribiendo otra cosa que posteriormente se convirtió en mi segundo libro, y que a su vez también fue sustancialmente distinto a su concepción inicial. Esa otra cosa que pensaba estar escribiendo destilaba puntualmente un cuento, fruto de algún hilo argumental que, a pesar de ser rechazado por la inercia del texto, pedía un desarrollo. Cuando tuve los cuatro cuentos, pensé en guardarlos en un cajón a la espera de ser una escritora conocida y tener más relatos que me permitieran armar un libro de al menos 200 páginas. Había cursado un máster de edición donde nos habían dejado claro que las editoriales no publicaban libros de cuentos de autores noveles, y menos de la extensión de mi manuscrito: setenta páginas. 
La superstición jugó a mi favor: tres veces me dijo Mercedes Cebrián, a quien yo conocía poco, que a su editor, Constantino Bértolo, iba a gustarle lo que yo hacía. 
Por aquel entonces yo estaba fuera del circuito literario: ignoraba quién era Constantino Bértolo, y Caballo de Troya sólo traía a mi cabeza la novela de J.J. Benítez. Pero, como digo, soy supersticiosa, así que la tercera vez que Cebrián me instó a mandar el libro a Bértolo lo hice. Mi trayectoria a partir de ahí ya se sabe: en 2009 publiqué La ciudad feliz, que ganó el Jaén de novela, y este año ha salido La trabajadora. He pasado de trabajar como correctora externa para editoriales a dar talleres de escritura. Mi entrada en Caballo de Troya se la debo a Constantino Bértolo, a quien le pareció que yo podía ser un buen testigo suyo, y a Claudio López de Lamadrid, que aceptó la propuesta de Constantino. Espero que no se hayan equivocado. Y en todo caso no diría que tengo vocación de editora. Mi vocación es escribir, y la edición ha sido una consecuencia que tendrá, salvo imprevistos, una duración breve: para 2016 en Caballo de Troya habrá otro editor, pues como sabes se está apostando por que cada año sea una persona distinta la que decida el catálogo.

Caballo de Troya da mucha importancia a la edición digital. ¿Qué piensas del formato e-book, y del mundo digital en relación con la literatura? ¿Sigue teniendo vigencia —o la tuvo alguna vez— la polémica entre el papel y el libro digital? ¿Crees que hay un "final del libro físico" en el horizonte?

Soy la persona menos indicada  para dar una visión solvente sobre este asunto, primero porque la polémica entre el libro en papel o en digital me resulta profundamente aburrida y segundo porque no soy amiga de hacer predicciones. No sé si el libro desaparecerá, tiendo a pensar que no porque nadie me ha hablado jamás del placer de leer en e-book, pero no cuento con datos más relevantes que avalen mi parecer. En cuanto al mundo digital en relación con la literatura, creo que el choque fundamental es de tiempo. Desde que existe Internet tenemos una experiencia del tiempo distinta, más fragmentaria y acelerada, que no casa con el tiempo que impone un texto literario. Y además empleamos menos horas al día en leer porque Internet nos enreda más de la cuenta. Digo lo de más de la cuenta porque el tiempo que la gente que conozco y yo pasamos en Internet no se emplea en nada demasiado útil. Procrastinar se ha vuelto demasiado fácil.

Caballo de Troya ha sido siempre un punto de lanzamiento para nuevas voces españolas y latinoamericanas —Mercedes Cebrián, Lolita Bosch y también Elvira Navarro—: ¿Será esa una de tus búsquedas como editora de Caballo de Troya? ¿Y es el formato digital una manera de dar voz a más autores noveles?

Rotundamente sí. Caballo de Troya no tendría sentido de otro modo. La modestia en los recursos debe compensarse con el riesgo y con poder editar con libertad. En cuanto a si el formato digital es una manera de dar voz a más autores noveles, desde luego en términos cuantitativos sí. Se puede publicar a más autores noveles porque sale más barato. Falta saber si tendrán la misma repercusión que los editados en papel, y a día de hoy parece obvio que no. Ahora bien, Caballo de Troya no va a editar sólo en digital. Se harán tiradas pequeñas con un diseño innovador y atractivo. Estos libros irán a algunas librerías y a prensa.

Suele preguntarse a los escritores por sus autores favoritos, y a los editores por algún mentor. Tenemos que aprovechar tus dos caras profesionales y preguntarte por ambos: ¿un autor o autora y un editor o editora que admires, y por qué? 

Como autora mencionaría a muchos escritores y escritoras a los que admiro. Me voy a quedar en España y a nombrar a Belén Gopegui, que es la autora española viva a la que más he leído porque en sus libros encuentro un diálogo estimulante y difícil con lo que hay en mí de comunidad. Como editora, aunque esta palabra la siento extraña, mencionaría a Constantino Bértolo, quien ha sabido mantener a lo largo de su carrera profesional un criterio comprometido con la potencia de la literatura para intervenir en los discursos en los que nos articulamos. Es decir: Constantino ha tenido un proyecto que se corresponde con una visión no sólo de la literatura, sino del mundo. Y además ha sido un editor al que, como autora, siempre he podido recurrir para pedirle consejo.

La trabajadora: una novela compleja que aborda el tema del doble, pero también el de la identidad, la salud mental y la crisis económica: ¿cuál ha sido tu experiencia con la novela? ¿Qué respuestas has tenido en los lectores en una obra que trata temas tan sensibles a tu generación pero también a la que te sucede?

La trabajadora, Random House, 2014.

La experiencia ha sido muy buena. La trabajadora ha tenido más lecturas que ningún otro libro mío, y en general, además de elogiosas, han sido inteligentes, lo que me lleva a pensar que el libro obliga a argumentar, es decir, que establece un diálogo no siempre fácil con el lector. Por otra parte, y yendo al tema generacional que mencionas, te diría que ha habido mucha lectura empática. Mucha gente se ha reconocido en lo narrado. 

¿Y hay nueva novela en camino durante tu año como editora?

Estoy escribiendo, pero no voy a publicar libro en 2015.

*   *   *

Elvira Navarro participará en el II Encuentro Talento Editorial en el marco del Hay Festival Xalapa 2014. 

Puedes ver aquí el programa completo y toda la información de Talento Editorial.

miércoles, 9 de abril de 2014

«No sé si me convertí en poeta. Diría, mejor, que asumí pronto la poesía como una forma de estar en el mundo». Entrevista a Antonio Lucas, Premio Loewe de Poesía.

Licenciado en Periodismo, periodista, columnista y redactor de Cultura en el diario El Mundo, colaborador de RNE y poeta: Antonio Lucas nos visita este sábado para presentarnos Los desengaños (Visor), su último poemario, ganador del último Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe. Desde las 13 horas, conversará con Manuel Vilas. Para anticipar lo que sin duda será una tarde genial, conversamos con Lucas sobre periodismo, poesía y libros:

Antonio Lucas. Fotografía de José Aymá.
¿Cuáles son "los desengaños" que dan título al libro?

Sospecho que desengaños de uso corriente, accesibles y universales: una ruptura sentimental y un desafecto hondo con el presente al que nos han arrastrado y al que nos hemos dejado arrastrar. Esas dos vías de lectura generan un conjunto de poemas que empieza hablando desde un 'nosotros' colectivo para desembocar en el 'yo' dañado... En cualquier caso, el primer desengaño de mis desengaños soy yo mismo. 

El poemario te ha significado el XXVI Premio Internacional de Poesía de la Fundación, uno de los más importantes premios literarios de la poesía en castellano que se suma a una larga lista de otros galardones: ¿qué efectos tiene en tu oficio, en tu enfrentamiento con el próximo poema, el próximo libro, un premio tan importante?

Si preguntas por el efecto de los premios en el poema, ninguno. La decisión de presentar un libro a un galardón es una idea que, en mi caso, siempre viene a última hora, cuando el libro está acabado y desde una inconsciencia escasamente reflexiva. Lo que vendrá a partir de ahora serán más poemas, aunque no sé de qué tono, ni tradición, ni pelaje, ni raza.

Redactor cultural en El Mundo y redactor de versos, ¿puedes contarnos cómo te convertiste en poeta, cómo te convertiste en periodista?

No sé si me convertí en poeta. Diría, mejor, que asumí pronto la poesía como una forma de estar en el mundo, de descifrármelo y descifrarme dentro de él, pero sin conversiones. La poesía estaba ahí, en la biblioteca de mi padre, y yo estaba cerca, con el brazo largo y tiempo por delante. Respecto al periodismo, desde adolescente leía con entusiasmo dos periódicos al día y escuchaba radio sin tregua. Yo quería ser de esos que contaban la vida, que le daban megafonía a las cosas que suceden. Hice una carrera absurda, Ciencias de la Información, que fue como hacer cinco veces COU y muy pronto comencé a trabajar en El Mundo (a los 20 años). Algún tiempo después, cuando ya llevaba tres o cuatro en la redacción, comencé a intuir que empezaba a ser periodista. Y en ello sigo. Me flipa este oficio.

¿A quién admiras en cada una de estas disciplinas? ¿Quiénes son tus maestros literarios y periodísticos?

¿Me obligarías a decirlos todos sin agua cerca ni un 'revital'? Lo vamos a hacer más difícil. Diré uno por cada frente. En poesía: Rimbaud. En periodismo: Chaves Nogales.

La mordida moneda de los años -

¿Hay una mezcla de voces, la del periodista y el poeta, en tu obra poética? ¿Y en tu labor periodística?

Diría que son como los raíles de un tren, uno 'al laíto del otro, to seguío, to seguío' (como dice la letrilla de una hermosa toná flamenca)... Los trasvases son puntuales y tienen más que ver con la mirada que con el ejercicio y los modales de escribir. Si el periodismo se hace lírico termina en mala mercromina. Si la poesía se pone periodística, acaba en estadística. 

Suele preguntarse a los escritores qué papel cumple la literatura en la actualidad. ¿Qué función, si es que la hay, cumple la poesía?

El poema es una forma de rebeldía. La poesía, como apunta Luis Antonio de Villena, es una acusación y una salvación.

Y por último, una pregunta de libreros: ¿qué libros nos recomiendas?

Los que sugieran los amigos de Cálamo, que para eso son lectores audaces y libreros admirables.



La charla sigue este sábado en Cálamo. ¡Hasta entonces!