martes, 30 de septiembre de 2014

«La polémica entre el libro en papel o en digital me resulta profundamente aburrida». Elvira Navarro, escritora, editora por un año en Caballo de Troya y participante del II Encuentro Talento Editorial.

Si entendemos Talento Editorial como un espacio de discusión y debate sobre el sector de la edición, los cambios y los nuevos modelos de trabajo, resulta imprescindible analizar el caso de Caballo de Troya. Tras la jubilación de Constantino Bértolo, la editorial propone un modelo de editores invitados que toman el cargo durante un año.
La primera invitada es Elvira Navarro autora de tres novelas, la primera de ellas, La ciudad en invierno, publicada en Caballo de Troya en 2007. En el año 2010 dio el salto a Mondadori con La ciudad feliz, y en 2014 publicó La trabajadora (Penguin Random House)

Elvira Navarro participará en el Segundo Talento Editorial, dentro del Hay Festival Xalapa 2014, y no podíamos perdernos la oportunidad de entrevistarla:

Elvira Navarro. Fotografía: © Lisbeth Salas

La editorial donde vio la luz tu primera novela en el año 2007, La ciudad en invierno, te acoge ahora como la primera en ocupar la figura de "Editora invitada". ¿Qué significa para ti este regreso a Caballo de Troya y este cambio de rol entre escritora y editora? ¿Qué cambios han tenido lugar en la editorial en esos 7 años? ¿Y cuál es tu experiencia previa en el mundo de la edición?

Nunca me desvinculé de Caballo de Troya porque no he dejado de leer nunca los libros que han ido apareciendo en el sello. No los he leído todos, pero he estado pendiente de las decisiones de Bértolo. Siempre me ha parecido interesante saber por qué Constantino decidía publicar algunos libros y no otros, así que podría decirse que he permanecido desde 2007 atenta al argumento vehiculado por el catálogo. Y en fin, algunos de esos libros que Constantino decidió publicar o que se quedaron fuera eran libros que iban recomendados por mí: esa es la mayor experiencia que tengo en el mundo de la edición, aparte de mi labor como correctora editorial. Trabajé para editoriales diversas corrigiendo galeradas, e hice algún que otro informe de lectura. Quizás también debo mencionar aquí que doy talleres de escritura y que por ello continuamente me estoy enfrentando a la edición de textos.
Sobre los cambios de Caballo de Troya, diría que no los hay a nivel de argumento, es decir, que la vocación del catálogo de publicar una literatura con capacidad de intervención y puesta en duda del discurso dominante se ha mantenido coherente a lo largo del tiempo. Lo que sí cambió ha sido el diseño: de unas cubiertas cuyo aspecto no llamaba demasiado la atención se ha pasado a unas sobrecubiertas que, por decirlo de algún modo, individualizan visualmente el objeto libro y lo vuelven más atractivo en términos comerciales.

La ciudad en invierno, primera novela de Elvira Navarro.

Basándote en tu trayectoria como escritora, ¿modifica esa experiencia tu trabajo de edición con respecto a la de editores que no escriben, o que no tienen obras publicadas?

No puedo contestar a esta pregunta porque no conozco tan de cerca la labor de otros editores. Sea como sea, podría darte nombres de editores que no son escritores y le meten mucha mano a los textos, hasta el punto de que a veces los autores se quejan de que el editor, o editora, parece querer escribir de nuevo el libro. No sé en cualquier caso si tu pregunta apunta a esta dirección de que el editor, por ser escritor, se sobrepase imponiendo su escritura. Creo que lo importante para un editor que quiera publicar buena literatura es saber reconocer dónde hay un autor y no sólo un montador. Hay libros donde ves que quien los escribe domina muy bien la técnica, pero a los que sin embargo le falta ese extra difícil de explicar que hace de alguien que escribe un escritor. Un escritor, o escritora, no cuenta una simple historia, sino que da una visión que difícilmente es traspasable a otra escritura, y que tiene que ver con su manera de articular el lenguaje.

Escribes desde los dieciséis años, y uno de tus primeros trabajos fue como correctora en una editorial. ¿Cuál ha sido tu camino desde entonces hasta la publicación de La trabajadora  y tu entrada en Caballo de Troya? ¿Han estado siempre contigo las vocaciones: la de escritora y editora?

Escribo desde los seis años, desde que mi madre me regaló un diario-agenda para niñas, pero no es hasta los dieciséis más o menos cuando lo empiezo a hacer con la intención de publicar. El camino ha sido larguísimo; me pasé años mandando relatos a concursos y sin ganar nada. Me costó mucho encontrar una voz y un territorio porque me censuraba y estaba llena de teorías sobre cómo debía escribir. Las teorías son no pocas veces cinturones de castidad. 
Mi primer libro, La ciudad en invierno, supuso una conciencia de las paradojas que encierra el acto de escribir. Afirmo esto porque durante un tiempo largo La ciudad en invierno fue un improbable embrión. Yo creía estar escribiendo otra cosa que posteriormente se convirtió en mi segundo libro, y que a su vez también fue sustancialmente distinto a su concepción inicial. Esa otra cosa que pensaba estar escribiendo destilaba puntualmente un cuento, fruto de algún hilo argumental que, a pesar de ser rechazado por la inercia del texto, pedía un desarrollo. Cuando tuve los cuatro cuentos, pensé en guardarlos en un cajón a la espera de ser una escritora conocida y tener más relatos que me permitieran armar un libro de al menos 200 páginas. Había cursado un máster de edición donde nos habían dejado claro que las editoriales no publicaban libros de cuentos de autores noveles, y menos de la extensión de mi manuscrito: setenta páginas. 
La superstición jugó a mi favor: tres veces me dijo Mercedes Cebrián, a quien yo conocía poco, que a su editor, Constantino Bértolo, iba a gustarle lo que yo hacía. 
Por aquel entonces yo estaba fuera del circuito literario: ignoraba quién era Constantino Bértolo, y Caballo de Troya sólo traía a mi cabeza la novela de J.J. Benítez. Pero, como digo, soy supersticiosa, así que la tercera vez que Cebrián me instó a mandar el libro a Bértolo lo hice. Mi trayectoria a partir de ahí ya se sabe: en 2009 publiqué La ciudad feliz, que ganó el Jaén de novela, y este año ha salido La trabajadora. He pasado de trabajar como correctora externa para editoriales a dar talleres de escritura. Mi entrada en Caballo de Troya se la debo a Constantino Bértolo, a quien le pareció que yo podía ser un buen testigo suyo, y a Claudio López de Lamadrid, que aceptó la propuesta de Constantino. Espero que no se hayan equivocado. Y en todo caso no diría que tengo vocación de editora. Mi vocación es escribir, y la edición ha sido una consecuencia que tendrá, salvo imprevistos, una duración breve: para 2016 en Caballo de Troya habrá otro editor, pues como sabes se está apostando por que cada año sea una persona distinta la que decida el catálogo.

Caballo de Troya da mucha importancia a la edición digital. ¿Qué piensas del formato e-book, y del mundo digital en relación con la literatura? ¿Sigue teniendo vigencia —o la tuvo alguna vez— la polémica entre el papel y el libro digital? ¿Crees que hay un "final del libro físico" en el horizonte?

Soy la persona menos indicada  para dar una visión solvente sobre este asunto, primero porque la polémica entre el libro en papel o en digital me resulta profundamente aburrida y segundo porque no soy amiga de hacer predicciones. No sé si el libro desaparecerá, tiendo a pensar que no porque nadie me ha hablado jamás del placer de leer en e-book, pero no cuento con datos más relevantes que avalen mi parecer. En cuanto al mundo digital en relación con la literatura, creo que el choque fundamental es de tiempo. Desde que existe Internet tenemos una experiencia del tiempo distinta, más fragmentaria y acelerada, que no casa con el tiempo que impone un texto literario. Y además empleamos menos horas al día en leer porque Internet nos enreda más de la cuenta. Digo lo de más de la cuenta porque el tiempo que la gente que conozco y yo pasamos en Internet no se emplea en nada demasiado útil. Procrastinar se ha vuelto demasiado fácil.

Caballo de Troya ha sido siempre un punto de lanzamiento para nuevas voces españolas y latinoamericanas —Mercedes Cebrián, Lolita Bosch y también Elvira Navarro—: ¿Será esa una de tus búsquedas como editora de Caballo de Troya? ¿Y es el formato digital una manera de dar voz a más autores noveles?

Rotundamente sí. Caballo de Troya no tendría sentido de otro modo. La modestia en los recursos debe compensarse con el riesgo y con poder editar con libertad. En cuanto a si el formato digital es una manera de dar voz a más autores noveles, desde luego en términos cuantitativos sí. Se puede publicar a más autores noveles porque sale más barato. Falta saber si tendrán la misma repercusión que los editados en papel, y a día de hoy parece obvio que no. Ahora bien, Caballo de Troya no va a editar sólo en digital. Se harán tiradas pequeñas con un diseño innovador y atractivo. Estos libros irán a algunas librerías y a prensa.

Suele preguntarse a los escritores por sus autores favoritos, y a los editores por algún mentor. Tenemos que aprovechar tus dos caras profesionales y preguntarte por ambos: ¿un autor o autora y un editor o editora que admires, y por qué? 

Como autora mencionaría a muchos escritores y escritoras a los que admiro. Me voy a quedar en España y a nombrar a Belén Gopegui, que es la autora española viva a la que más he leído porque en sus libros encuentro un diálogo estimulante y difícil con lo que hay en mí de comunidad. Como editora, aunque esta palabra la siento extraña, mencionaría a Constantino Bértolo, quien ha sabido mantener a lo largo de su carrera profesional un criterio comprometido con la potencia de la literatura para intervenir en los discursos en los que nos articulamos. Es decir: Constantino ha tenido un proyecto que se corresponde con una visión no sólo de la literatura, sino del mundo. Y además ha sido un editor al que, como autora, siempre he podido recurrir para pedirle consejo.

La trabajadora: una novela compleja que aborda el tema del doble, pero también el de la identidad, la salud mental y la crisis económica: ¿cuál ha sido tu experiencia con la novela? ¿Qué respuestas has tenido en los lectores en una obra que trata temas tan sensibles a tu generación pero también a la que te sucede?

La trabajadora, Random House, 2014.

La experiencia ha sido muy buena. La trabajadora ha tenido más lecturas que ningún otro libro mío, y en general, además de elogiosas, han sido inteligentes, lo que me lleva a pensar que el libro obliga a argumentar, es decir, que establece un diálogo no siempre fácil con el lector. Por otra parte, y yendo al tema generacional que mencionas, te diría que ha habido mucha lectura empática. Mucha gente se ha reconocido en lo narrado. 

¿Y hay nueva novela en camino durante tu año como editora?

Estoy escribiendo, pero no voy a publicar libro en 2015.

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Elvira Navarro participará en el II Encuentro Talento Editorial en el marco del Hay Festival Xalapa 2014. 

Puedes ver aquí el programa completo y toda la información de Talento Editorial.

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